Ojos de nuwa triste


    
                                                    
Ojos de nuwa triste

Don Pedro Kistug está preocupado; toda la mañana se ha pasado contemplando las montañas lejanas que separan las diferentes y distantes comunidades. Los manguarés, siguen sonando noche y día, cuyo llamado es urgente. Los pueblos de la selva están amenazados y han marchado en defensa de sus derechos territoriales, en calidad de etnias amazónicas, que desde hace siglos les pertenece. Don Pedro, se alistó para salir con el contingente; pero los ancianos de la comunidad no le permitieron; pues, él es la autoridad y el guardián de su pueblo.

          Junto con el grupo de valientes, también partió para la Curva del diablo, Etsa, (cuyo nombre significa Sol); un hombre joven,  robusto, no muy alto, ni muy bajo;  su piel morena, pelo largo y oscuro, su rostro carente de barba, denotaba  mucha seguridad;  vestía una trusa deportiva color azul y un polo  verde; calzaba botas de jebe, con calcetines verdes;  avanzaba a pasos largos.  Suwa, su esposa, lo acompañó durante ocho horas en su camino, desde Wayampiak; ella también quería ir al bloqueo de la vía; pero Etsa, le rogó que se quedara; pues, ¿quién cuidaría de los uchis (niños) en su ausencia? Además, estos menesteres, son cosa de hombres. Suwa sabía que sería imposible convencer a su esposo. Caminaron cogidos de la mano durante dos horas más, por esas escalinatas interminables, formadas por las raíces de los árboles que bordean el camino y entrecruzan sus raíces de un lado a otro. El sol en el cenit, iluminaba la montaña; pero para la joven pareja, todo a su alrededor parecía triste; hasta el canto de las aves parecía murrio. Finalmente, llegaron a unas tinajas de piedra con agua cristalina. Se sentaron, Suwa sacó el fiambre consistente en yuca asada y un filete de atún. Comieron con desgana, bebieron agua de uno de los depósitos de piedra. La esposa entregó el atado con comida a Etsa, _le dijo _ lleva esto para que comas allá. Etsa se quedó contemplando los ojos de agua que luego de ser alimentadas por la quebrada, dejaban discurrir lo que rebasaba, como si fueran lágrimas. _Mira Suwa_  le dijo: esos manantiales parecen ojos que lloran; Suwa le respondió, sí me estoy fijando, se parecen a mis ojos, que lloran por ti; son ojos de nuwa triste (nuwa = mujer, esposa). Si no regresas, no quiero seguir viviendo más, buscaré la muerte. No, le respondió Etsa, eso no pasará; volveré y veremos crecer a nuestros uchis (niños) y envejeceremos juntos. Recuerda que soy un waymaku (hombre fuerte) y mi deber es defender nuestras montañas y a ustedes. Allí se despidieron con un abrazo prolongado y las infaltables promesas del retorno. Después de avanzar unas zancadas, Etsa volvió la mirada a Suwa, levantando la mano volvió a despedirse – Kashin wayniami, (hasta mañana), Suwa respondió con un melancólico púmataaa (hasta pronto).

          Etsa apresuró el paso para unirse a sus demás compañeros; pues era imperioso forzar la marcha, para llegar a tiempo a Imacita, y sumarse a los hermanos de las demás comunidades que habían fijado ese lugar como punto de concentración. Efectivamente, a las cinco de la tarde arribaron al puerto Imacita. Los dueños de los pequepeques, los exoneraron de los pasajes; más bien los despedían con un abrazo o levantando la mano derecha.

          Ya reunidos cerca de trescientos hombres, se concentraron en la plaza. Allí un dirigente indígena, de nombre Gabino Unkush, pidió su atención; subió a la canastilla de una camioneta, levantó sus manos en señal de silencio y habló con voz firme: hermanos, hoy estamos en pie de lucha; desde hace cincuenta días, en defensa de nuestras montañas, que desde siglos nos pertenecen. Nuestros antepasados la poseyeron y nos las heredaron; y nosotros jamás hemos hecho mal uso de la madre tierra, más que para sembrar mama, sháa y piriya (yuca, maíz y plátanos), para nuestro alimento. Y ahora el Estado lo quiere entregar a empresas extranjeras para la explotación minera y petrolífera. Eso quiere decir que dejarán las montañas sin árboles, contaminarán el suelo, el agua y el aire; ya no tendremos nuestros recursos al alcance; porque estas tierras serán vendidas. Por toso eso resulta insoslayable la necesidad de defenderlas. ¿Permitiremos que nos despojen de nuestras montañas? Atsáaaaaaa (Noooooooo), respondió el grupo de comuneros, con el puño en alto. Continuó el orador, por eso estamos aquí, hermanos. Hemos dejado a nuestras familias muy lejos,  en las comunidades; hemos caminado más de cuatro días, desde Alto Tuntús, Alto Shámata, porque nuestro deber es defender las tierras, aunque sea con la propia vida, si fuese necesario, hizo una pausa y continuó, .  dentro de unos minutos, saldremos para La Curva del diablo; los camiones vendrán a recogernos. Nuestros hermanos que están en la zona del bloqueo necesitan refuerzo urgente. ¿Están dispuestos a defender nuestras montañas? Se oyó un prolongado Ayuúuuuuuuuu (Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii) de la multitud. Entonces, ¡A la Curva del diablo! ¡A defender nuestras montañas!

 El pueblo de Imacita estaba reunido en masa para despedir a sus defensores; y se acercaban a sus paisanos con bolsas, táperes, ofreciéndoles galletas, frutas, pan, gaseosas, agua, chontas, yuca asada, masato; en fin, cualquier manduca, que les sirva para su camino y su estadía en La curva del diablo.

          Después de ocho largos días, los defesores vuelven a sus comunidades. Etsa no aparecía por ningún lado. Don Pedro Kistug, interroga a cada uno de los que vuelven: _ ¿Has visto a Etsa? _ A la respuesta negativa, agacha la cabeza y sus ojos se cubren de lágrimas, que no puede evitarlas. Entre tanto, Suwa, ya sabe lo qué ha pasado con su Etsa; su corazón le dice que ya no vendrá. Etsa murió como auténtico waymaku awajun, defendiendo sus montañas y el medio ambiente sano para sus pueblos.

          Don Pedro Kistug, con su rostro moreno, marcado por los latigazos del tiempo, y su pesado caminar, con voz enérgica, ordena tocar el tuntui o manguaré, para reunión de toda la comunidad. Al escuchar el llamado, poco a poco la gente iba llegando al salón comunal, hombres y mujeres, tomaban sus respectivos lugares, alrededor de las mesas. Pero esta vez, no hubo masato, ni patarashca, ni música. Se trataba de un asunto muy delicado: el informe de los sobrevivientes de la confrontación de La Curva del Diablo.

          Aperturó la reunión el Apu de la comunidad de Wayampiak, don Pedro Kistug, con el saludo a los Apus las  comunidades vecinas, como Kucha, Alto Tuntus, Alto Shamata, Chija, Sijiak, Pakuisijiak, Tunim, Wampintsa, Yanat, Shaujip,  Huantsa,  Kunchin, invitándoles a ubicarse en la mesa de honor, donde también se encontraban un dirigente de las comunidades indígenas y tres  sobrevivientes del cinco de junio. Don Pedro se puso de pie y  habló:  Hermanos comuneros y comuneras, hermanos Apus de las comunidades vecinas;  hermano Rodolfo Atamaín, dirigente de los pueblos indígenas; hermanos defensores de nuestras montañas, que hoy están de regreso a sus comunidades: Hace cincuenta y ocho días, iniciamos una lucha, allá muy lejos de nuestras tierras, con el bloqueo de la vía  Fernando Belaunde Terry, que conduce a Chiclayo, Trujillo, Lima, y otras muchas ciudades y a los pueblos de la selva, como Chachapoyas, Moyobamba, Tarapoto, con la finalidad de hacernos escuchar,  para que no se entreguen nuestras montañas a las empresas extranjeras, mediante un Decreto Supremo.  Hoy día, a cinco días del desenlace de nuestra lucha, los he convocado a esta reunión, para tomar algunos acuerdos. Pero antes, queremos escuchar a nuestro dirigente del movimiento indígena, Rodolfo Atamaín, para que nos cuente cómo fue aquel aciago día del cinco de junio.

          Ante la alusión, Rodolfo Atamaín, se puso de pie, allí se pudo notar su rostro quemado por el sol, sus ojos negros, su cabello largo y un poco desordenado, que sobresalían por encima de un polo de color rojo, un poco descolorido; vestía un pantalón jean color azul y calzaba zapatillas. Con voz estentórea, dijo: Hermanos, hemos cumplido una acción heroica y el cinco de junio quedará registrado, como un día histórico, porque un puñado de valientes han ofrendado sus vidas en defensa de nuestras montañas, que es nuestro hogar donde vivimos y donde habitaron nuestros ancestros. Hemos perdido a muchos hermanos, que han caído en el campo de batalla, a quienes desde ya nuestro reconocimiento como héroes. Don Pedro Kistug, perdió un hijo, a nuestro hermano Etsa, a quien ya no lo veremos más; pero su nombre quedará en la historia como un defensor de nuestras montañas.  Hoy no hay alegría, todos estamos tristes por la pérdida de muchas vidas de nuestros hermanos defensores. Pero tendremos el honor de dejar como legado a nuestros descendientes el ejemplo de valentía y coraje, cuando se trata de defender nuestras montañas. A continuación, permítanme presentarles a nuestro hermano Eduardo Kungumas, él estaba en el campo de batalla aquel fatídico día.

          Se produjo un silencio, luego Eduardo se puso de pie, con una mirada serena enfocó a todo el seno de la casa comunal. Saludó con la palma de la mano alzada, _: Buenos días, hermanos congregados en esta casa comunal_ Mi nombre es Eduardo Kungumas; soy de la comunidad de Chija, trabajo como docente; pero ante el llamado urgente para defender nuestras tierras, dejé todo atrás y me uní a nuestros hermanos en el bloqueo de la pista Fernando Belaunde Terry. Allá permanecí más de treinta y seis días, hasta el cinco de junio. Nosotros no queríamos enfrentarnos con nuestros propios hermanos; la plataforma de lucha, era que se derogue ese Decreto Supremo,  que dispone la entrega de nuestras montañas a empresas extranjeras, para la explotación minera y del petróleo. Bueno _ siguió relatando_ aquel día fue pavoroso. Aproximadamente a las cinco de la mañana, los hermanos nativos estábamos parapetados, a la espera de cualquier movimiento de la policía. Esperábamos que luchen como hombres, frente a frente. De repente el cielo se oscureció con el humo de bombas lacrimógenas que eran arrojadas desde helicópteros artillados, que disparaban a mansalva, y hacían presa fácil de los hermanos awajun. Nuestras armas eran completamente inofensivas frente a los fusiles y armas de guerra de la policía y ejército; pero con bravura propia de waymakus indígenas, seguíamos disparando nuestras lanzas y flechas; muchas de ellas impactaron en los enemigos, que también sufrieron algunas bajas.  Finalmente, aquella desigual confrontación, terminó con el desbande de los defensores de la Amazonía. Muchos de los nuestros cayeron abatidos por las balas asesinas, disparadas por los mismos peruanos, peleando contra otros peruanos, defendiendo intereses de las empresas extranjeras, por orden del presidente de la República. Hizo un profundo silencio y tomó asiento.

          Don Pedro Kistug, se puso en pie y colocó una mano sobre el hombro de Eduardo y habló: Es triste para nosotros este momento, en el que nuestros seres queridos fueron asesinados por nuestros mismos hermanos peruanos. Pero ya nada cambiará. Hoy tenemos hermanos detenidos, otros con orden de captura, y otros perseguidos; esto quiere decir que seguimos en pie de lucha. Sin embargo, en esta reunión, antes de llegar a los acuerdos, queremos ceder el uso de la palabra a nuestro hermano Bartolomé Sejekam, él también es un sobreviviente del cinco de junio.

          El aludido, se puso de pie, levantó la mano en señal de saludo y dijo: _Buenos días hermanos presentes_ Mina dajuk (mi nombre es) Bartolomé Sejekam, soy de la comunidad de Kucha. Estuvimos junto con Eduardo y los demás paisanos en La curva del diablo. Ustedes saben, que hemos ido hasta ese lugar, lejos de las comunidades, en defensa de nuestros derechos ancestrales. No hemos ido en plan de guerra.  Nosotros sólo queríamos que el presidente de la república nos escuche, y deje sin efecto ese Decreto Supremo que dispone la entrega de nuestras tierras. No quiero repetir lo que ya dijeron mis compañeros que me antecedieron, quiero referirme a la informqción que se ha manejado durante todo este tiempo del bloqueo. Los apach (mestizos) escuchan mucho las noticias, y lo cierto es que los medios de comunicación, televisoras y radios, no dicen la verdad completa; están parcializados, y trabajan para el gobierno; de modo que la información está sesgada y las noticias son falsas. Han cortado e interferido las señales de radioemisoras que difunden la verdad y que reciben llamadas directas del pueblo. Después de una breve pausa, agregó, _ me gustaría, que nuestro hermano Andrés Yampis, también manifieste su experiencia vivida en La curva del diablo.

          Andrés, estaba  vestido al igual que sus compañeros sobrevivientes:  polo y trusa deportiva, calzaba botas de jebe, se le notaba claramente una herida en su pierna izquierda, se puso de pie, saludó con la mano derecha y con voz fuerte habló: Yo soy Técnico en Enfermería, trabajo en el Puesto de salud de mi pueblo, Alto Shamata; me falta todavía tres días para llegar a mi comunidad. El cinco de junio fue terrorífico. Cuando huíamos despavoridos en todas direcciones, providencialmente recibimos el apoyo de la gente de los pueblos vecinos: Bagua Grande, Bagua Chica, El Milagro, Chamaya y desde Jaén que está un poco más lejos y pertenece a otra región, llegaban con camionetas, combis, mototaxis, motos lineales y nos brindaban ayuda, especialmente a los heridos y a los otros a escapar de la persecución despiadada de la policía. Yo tuve suerte, que me llevaron en una moto lineal a Bagua Grande; allí entré en un colegio de nombre Maranatha; me hospedaron en un aula. Mi sorpresa fue muy grata, en medio del terror que se vivía, encontrarme con otros compañeros, nos abrazamos de júbilo. Luego trajeron agua y comida y nos curaron las heridas.  Pero la cosa estaba muy fea, porque los pueblos vecinos ya se habían levantado a favor nuestro; y en todo lado había conatos de enfrentamientos con la policía. En La curva del diablo, no podíamos ni siquiera acercarnos a reconocer a nuestros hermanos caídos. La policía y el ejército habían acordonado toda el área y no permitían ingresar a nadie. Andrés calló,  agachó la cabeza y se tomó la cara con ambas manos.

          A continuación, Rodolfo Atamaín, se puso de pie y dijo: Gracias hermanos, por su testimonio, que quedará grabado en las mentes de nuestros hijos y en los anales de nuestro pueblo. Esta matanza quedará registrada en la historia negra de este  gobierno , junto a Acomarca, El Frontón y muchas otras que quedaron impunes. Pero tengo la certeza que este Decreto será derogado; es decir anulado, a favor nuestro. Saben por qué, hermanos, porque esta crueldad ya es conocida casi en todo el mundo, y desde diferentes países han hecho llegar su rechazo contra la actitud del presidente de la república.

          Finalmente, don Pedro Kistug, tomó la palabra y dijo. Es lamentable lo ocurrido el cinco de junio; sin embargo, nada cambiará las cosas; las vidas de nuestros familiares, nadie nos devolverá. Sin embargo, tenemos que hacer algo por los que quedan; por lo que propongo que en cada comunidad se haga un censo, para registrar a los caídos en La curva del diablo y se brinde todo tipo de apoyo a las viudas y huérfanos, incluyendo comida, ropa, medicina y educación. Los Apus presentes asintieron con un movimiento de cabeza. Además, continuó don Pedro, no habrá más peleas entre hermanos. De aquí en adelante, seremos todos como hermanos; sin importar la raza, la cultura, el idioma, ni la ropa que vestimos, ni las comunidades donde vivimos; porque todos somos peruanos y nos debemos amar como hermanos. Hizo una pausa y miró a su nuera y dijo, aquí está Suwa, la esposa de Etsa. Ella también quiere hablar. Suwa se adelantó unos pasos, cerca de la Mesa de honor, se le notaban sus ojos llorosos y el rostro desencajado; su vestido color negro, hacían juego con sus ojos y su rostro moreno. Con voz entrecortada, dijo: Todos estamos tristes. Por las pérdidas de nuestros seres queridos. Yo recuerdo que ese día tres de junio que acompañé a Etsa, hasta las tinajas cerca de Shajan Entsa, después de comer, me dijo: Mira esos ojos de agua, parecen ojos de nuwa_ sí le dije_ se parecen a mis ojos _ son ojos de nuwa triste. ¿Por qué repito esto? Es  para que sepan que cada vez que pasemos por ese lugar nos acordemos de nuestros hermanos que también pasaron por allí y ahora ya no están con nosotros; dejaron en sus hogares muchas nuwas tristes. Además, el cuerpo de Etsa, no ha sido reconocido; parece que se hubiese esfumado; pero ustedes conocieron a Etsa, él no sería capaz de abandonar en un momento así a sus hermanos. Sólo les pido que me ayuden a buscar su cadáver; porque también he oído de un padre de apellido Bazán buscando a su hijo, un capitán del policía, desaparecido al igual que mi esposo. ¿Qué pudo haber pasado con esos cuerpos? No nos dejen solos con este dolor, ayúdennos, por Favor, les ruego.

          Rodolfo Atamaín intervino y dijo: Conocí a Etsa, un día antes del enfrentamiento. Se le notaba mucho optimismo y coraje. Aquella mañana, él estaba en las primeras filas de los nuestros; probablemente cayó entre las primeras descargas de los fusiles enemigos; y su cuerpo talvez fue desaparecido, junto con los de muchos otros hermanos, entre ellos ese Capitán de la Policía; este hecho demuestra que los cadáveres fueron desaparecidos, para minimizar la matanza; pero les aseguro que llegaremos a esclarecer la verdad, para que la historia juzgue a los culpables. Y en cuanto a usted, señora Suwa, no quedará desamparada. Nuestra organización ya está haciendo gestiones para buscar ayuda para las víctimas de esta masacre.

          La reunión culminó entre aplausos y el abrazo caluroso y de respeto a los defensores de las montañas, Apus y dirigente de los pueblos indígenas. Don Pedro, abrazó a los héroes, se despidió de los Apus visitantes, y se alejó con paso lento y la mirada baja. Entre tanto una garúa fina como tul de novia humedecía tenuemente la montaña.

           

Griale





PREGUNTAS
1. ¿Qué significa la expresión “ojos de nuwa triste” dentro del relato?
La expresión “ojos de nuwa triste” alude a los ojos llorosos de Suwa, la esposa de Etsa, cargados de angustia y dolor por la inminente partida de su esposo hacia un conflicto del que podría no regresar. Además, simboliza la tristeza colectiva de las mujeres de la comunidad, cuyas lágrimas se asemejan a las “tinajas” o “ojos de agua” que observan ambos personajes. En consecuencia, el término adquiere un sentido metafórico que une la naturaleza con la experiencia emocional de las mujeres amazónicas que esperan, temen y resisten.
2. ¿Por qué Etsa decide marchar a La Curva del Diablo? 
Etsa marcha porque considera que es su deber como waymaku (hombre fuerte) defender las montañas y los territorios ancestrales de su pueblo frente a la amenaza de entrega de tierras a empresas extractivas. Asimismo, responde a un llamado colectivo de las comunidades amazónicas, que se movilizan para impedir la aprobación de un Decreto Supremo que vulnera sus derechos territoriales.
3. ¿Qué elementos del relato expresan el vínculo espiritual de los personajes con la naturaleza?
El relato revela un profundo vínculo espiritual a través de imágenes como las tinajas de agua que parecen “ojos que lloran”, los árboles cuyas raíces forman caminos, el sol en el cenit que acompaña la despedida, o la referencia constante a las montañas como “madre” y “hogar ancestral”. Estos elementos no solo contextualizan la cultura awajún, sino que refuerzan la idea de que la naturaleza no es un recurso, sino un sujeto vivo que sostiene la identidad del pueblo.
4. ¿Cómo se representa la figura femenina en el relato?
La figura femenina aparece como pilar emocional, memoria de la comunidad y símbolo de resistencia silenciosa. Suwa no participa en la confrontación, pero sostiene emocionalmente a Etsa, cuida a sus hijos y se convierte en portavoz del dolor colectivo. Por ello, la mujer es representada como guardiana de la continuidad cultural y como sujeto activo del duelo, aunque excluida del espacio político directo debido a normas internas del pueblo.
5. ¿Qué crítica social subyace en la narración?
La narración denuncia la violencia estatal, la invisibilización de los pueblos originarios y los mecanismos de despojo vinculados a intereses económicos extractivos. Asimismo, critica la manipulación mediática que tergiversa los hechos y deslegitima las luchas indígenas. Esta crítica pone en evidencia cómo el Estado contradice su deber de proteger a todos sus ciudadanos, generando desigualdad estructural y conflicto.
6. ¿Qué función cumple el personaje de Don Pedro Kistug en el relato?
Don Pedro representa la autoridad moral y comunitaria. Su voz organiza, convoca, orienta y da sentido al dolor colectivo. A través de él se canaliza la sabiduría de los ancianos, la dignidad del pueblo y la necesidad de unidad. Su rol permite ordenar la tragedia e iniciar el camino hacia la reconstrucción comunal.
7. ¿Cómo se construye la tensión emocional en la despedida entre Suwa y Etsa?
La tensión se construye mediante descripciones sensoriales el camino empinado, el sol que parece triste, el canto murrio de las aves y mediante un diálogo íntimo cargado de presagios. El uso de símbolos como los ojos de agua profundiza el dramatismo y anticipa la tragedia. Todo ello crea un ambiente donde el amor y la despedida se encuentran con el miedo a la pérdida irreparable.
8. ¿Por qué la naturaleza se presenta como protagonista del relato?
La naturaleza es protagonista porque es el motivo central del conflicto, el espacio de vida, el símbolo identitario y la fuerza espiritual del pueblo. Además, funciona como espejo emocional de los personajes: la montaña ilumina o entristece, el agua llora, la garúa final acompaña el duelo. En este sentido, la naturaleza no es solo escenario, sino sujeto narrativo.
9. ¿Qué importancia tiene el acto de tocar el manguaré en la comunidad? 
Tocar el manguaré convoca a toda la comunidad para tratar asuntos urgentes. En este caso, anuncia una reunión trascendental relacionada con los sobrevivientes y el informe sobre la tragedia de La Curva del Diablo. Por tanto, el manguaré es un símbolo de unidad, autoridad y comunicación ancestral.
10. ¿Cómo se describe la desigualdad en el enfrentamiento entre indígenas y fuerzas del Estado?
Se presenta como una confrontación profundamente asimétrica: por un lado, los indígenas cuentan con lanzas y flechas; por el otro, la policía y el ejército poseen armas de guerra, helicópteros artillados y equipos tácticos. Esta desigualdad subraya la injusticia del conflicto y expone cómo el Estado responde con violencia desproporcionada ante una movilización legítima.
11. ¿Qué revela el testimonio de los sobrevivientes sobre los medios de comunicación?
Los sobrevivientes afirman que los medios difundieron información manipulada, parcializada y funcional al gobierno. Esto evidencia la crisis de credibilidad mediática y la tensión entre el relato oficial y la verdad vivida por la población. En consecuencia, el relato cuestiona la hegemonía informativa y destaca la importancia de escuchar voces locales.
12. ¿Cómo se expresa el sentido de comunidad en la narración?
El sentido de comunidad se manifiesta en la manera en que las familias, los Apus, los dirigentes y los pueblos vecinos se unen para apoyar a los heridos, alimentar a los caminantes y brindar refugio. Esta solidaridad reafirma que la identidad colectiva es esencial para resistir la violencia y conservar la memoria. La comunidad no es un conjunto de individuos aislados, sino un tejido afectivo y cultural.
13. ¿Por qué Suwa se convierte en un símbolo dentro del relato?
Suwa simboliza la voz de las víctimas invisibles, aquellas que sufren la pérdida sin haber tomado las armas. Su intervención final expresa el dolor profundo de las “nuwa tristes” que esperan cuerpos que nunca llegan. Además, su pedido de ayuda para encontrar el cadáver de Etsa revela una lucha por la verdad y la dignidad, más allá del heroísmo masculino.
14. ¿De qué manera el relato contribuye a la memoria histórica del conflicto amazónico?
El relato actúa como registro literario y testimonial de la violencia ocurrida, dándole rostro, nombre y emoción a una tragedia colectiva. Al narrar las vivencias, pérdidas, silencios y resistencias, contribuye a preservar una memoria que el Estado muchas veces intenta borrar. Así, opera como un acto de justicia simbólica y como herramienta educativa para futuras generaciones.
15. ¿Qué reflexión final propone don Pedro Kistug sobre la identidad y la convivencia?
Don Pedro concluye que, pese al dolor, la comunidad debe apostar por la unidad entre peruanos, sin importar la cultura, lengua o vestimenta. Esta reflexión sugiere que la verdadera fortaleza del país está en el respeto mutuo y la convivencia intercultural. Por ello, plantea que el conflicto debe impulsar una transformación ética basada en la hermandad y la defensa de la vida.


Comentarios

  1. El blog presenta relatos sobre la defensa de territorios amazónicos y personajes como Etsa y Don Pedro, combinando narrativa y contexto histórico. Sus preguntas de comprensión y reflexión facilitan el análisis de justicia, identidad y solidaridad, fomentando el pensamiento crítico de manera clara.

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  2. Este trabajo de comprensión lectora sobre “Ojos de nuwa triste”, relato que recrea el Baguazo de 2009, destaca por su alta calidad al ofrecer un texto emotivo y culturalmente rico sobre la defensa indígena amazónica, con 15 preguntas bien diseñadas que cubren niveles literal, inferencial y crítico, promoviendo análisis profundo. Es altamente pertinente educativo al tratar derechos territoriales, violencia estatal y memoria histórica del conflicto del 5 de junio, fomentando conciencia social en estudiantes y educadores. Además, resulta muy aplicable en comunicación por invitar al estudio de metáforas como “ojos de nuwa triste”, testimonios y narración intercultural, ideal para debates éticos, ensayos críticos y mensajes sobre justicia ambiental y derechos humanos.

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