EL PADRE (Olegario Lazo Baeza)
EL PADRE
Olegario Lazo Baeza (Chile, 1878-1964)
Un viejecito de barba
blanca y larga, bigotes enrubiecidos por la nicotina, manta lacre, zapatos de
taco alto, sombrero de pita y un canasto al brazo, se acercaba, se alejaba y
volvía tímidamente a la puerta del cuartel. Quiso interrogar al centinela, pero
el soldado le cortó la palabra en la boca, con el grito:
-¡Cabo de guardia!
El suboficial apareció de
un salto en la puerta, como si hubiera estado en acecho.
Interrogado con la vista y
con un movimiento de la cabeza hacia arriba, el desconocido habló:
-¿Estará mi hijo?
El cabo soltó la risa. El
centinela permaneció impasible, frío como una estatua de sal.
-El regimiento tiene
trescientos hijos, falta saber el nombre del suyo -repuso el oficial.
-Manuel… Manuel Zapata,
señor.
El cabo arrugó la frente y
repitió, registrando su memoria.
-¿Manuel Zapata…? ¿Manuel
Zapata…?
Y con tono seguro.
-No conozco ningún soldado
de ese nombre.
El paisano se irguió sobre
las gruesas suelas de sus zapatos, y sonriendo irónicamente.
-¡Pero si no es soldado! Mi
hijo es oficial, oficial de línea.
El trompeta, que desde el
cuerpo de guardia oía la conversación, se acercó, codeó al cabo diciéndole por
lo bajo:
-Es el “nuevo”; el recién
salido de la Escuela.
-¡Diablos! El que nos
“palabrea” tanto…
El cabo envolvió al hombre
en una mirada investigadora, y como lo encontró pobre, no se atrevió a
invitarlo al casino de oficiales. Lo hizo pasar al cuerpo de guardia.
El viejecito se sentó sobre
un banco de madera y dejó su canasto al lado, al alcance de su mano. Los
soldados se acercaron, dirigiendo miradas curiosas al campesino e interesadas
al canasto. Un canasto chico, cubierto con un pedazo de saco. Por debajo de la
tapa de lona empezó a picotear, primero, y a asomar la cabeza después, una
gallina de cresta roja y pico negro abierto por el calor.
Al verla, los soldados
palmotearon y gritaron como niños:
-¡Cazuela! ¡Cazuela!
El paisano, nervioso por la
idea de ver a su hijo, agitado por la vista de tantas armas, reía sin motivo y
lanzaba atropelladamente sus pensamientos:
-¡Ja, ja, ja!… Sí.
Cazuela…, pero para mi niño.
Y con su cara sombreada por
una ráfaga de pesar, agregó:
-¡Cinco años sin verlo…!
Más alegre, rascándose
detrás de la oreja:
-No quería venirse a este
pueblo. Mi patrón lo hizo militar. ¡Ja, ja, ja…!
Uno de guardia, pesado y
tieso por la bandolera, el cinturón y el sable, fue a llamar al teniente.
Estaba en el picadero,
frente a las tropas en descanso, entre un grupo de oficiales. Era chico,
moreno, grueso, de vulgar aspecto.
El soldado se cuadró,
levantando tierra con sus pies al juntar los tacos de sus botas, y dijo:
-Lo buscan…, mi teniente.
No sé por qué fenómeno del
pensamiento, la encogida figura de su padre relampagueó en su mente…
Alzó la cabeza y habló
fuerte, con tono despectivo, de modo que oyeran sus camaradas:
-En este pueblo… no conozco
a nadie…
El soldado dio detalles no
pedidos:
-Es un hombrecito arrugado,
con manta…Viene de lejos. Trae un canastito…
Rojo, mareado por el
orgullo, llevó la mano a la visera:
-Está bien… ¡Retírese!
La malicia brilló en la
cara de los oficiales. Miraron a Zapata… Y como éste no pudo soportar el peso
de tantos ojos interrogativos, bajó la cabeza, tosió, encendió un cigarro, y
empezó a rayar el suelo con la contera de su sable.
A los cinco minutos vino
otro de guardia. Un conscripto muy sencillo, muy recluta, que parecía
caricatura de la posición de firmes. A cuatro pasos de distancia le gritó,
aleteando con los brazos como un pollo.
-¡Lo buscan, mi teniente!
Un hombrecito del campo… Dice que es el padre de su mercé…
Sin corregir la falta de
tratamiento del subalterno, arrojó el cigarro, lo pisó con furia y repuso:
-¡Váyase! Ya voy…
Y para no entrar en
explicaciones, se fue a las pesebreras.
El oficial de guardia,
molesto con la insistencia del viejo, insistencia que el sargento le anunciaba
cada cinco minutos, fue a ver a Zapata.
Mientras tanto, el pobre
padre, a quien los años habían tornado el corazón de hombre en el de niño, cada
vez más nervioso, quedó con el oído atento. Al menor ruido, miraba hacia fuera
y estiraba el cuello, arrugado y rojo como cuello de pavo. Todo paso lo hacía
temblar de emoción, creyendo que su hijo venía a abrazarlo, a contarle su nueva
vida, a mostrarle sus armas, sus arreos, sus caballos…
El oficial de guardia
encontró a Zapata simulando inspeccionar las caballerizas. Le dijo, secamente,
sin preámbulos…
-Te buscan… Dicen que es tu
padre.
Zapata, desviando la
mirada, no contestó.
-Está en el cuerpo de
guardia… No quiere moverse…
Zapata golpeó el suelo con
el pie, se mordió los labios con furia y fue allá.
Al entrar, un soldado
gritó:
-¡Atenciooón!
La tropa se levantó rápida
como un resorte. Y la sala se llenó con ruido de sables, movimientos de pies y
golpes de taco.
El viejecito, deslumbrado
con los honores que le hacían a su hijo, sin acordarse del canasto y de la
gallina, con los brazos extendidos, salió a su encuentro. Sonreía con su cara
de piel quebrada como corteza de árbol viejo. Temblando de placer, gritó:
-¡Mañungo! ¡Mañunguito…!
El oficial lo saludó
fríamente.
Al campesino se le cayeron
los brazos. Le palpitaban los músculos de la cara.
El teniente lo sacó con
disimulo del cuartel. En la calle le sopló al oído:
-¡Que ocurrencia la suya!…
¡Venir a verme!… Tengo servicio… No puedo salir.
Y se entró bruscamente.
El campesino volvió a la
guardia, desconcertado, tembloroso. Hizo un esfuerzo, sacó la gallina del
canasto y se la dio al sargento.
-Tome, para ustedes, para
ustedes solos.
Dijo adiós y se fue
arrastrando los pies, pesados por el desengaño. Pero desde la puerta se volvió
para agregar, con lágrimas en los ojos:
-Al niño le gusta mucho la
pechuga. ¡Delen un pedacito!…
Actividad 1: Preguntas de Comprensión
Instrucciones: Lee el cuento con atención y responde las siguientes preguntas en oraciones completas. Estas ayudan a verificar que has entendido la trama principal.
- ¿Quién es el protagonista principal y qué hace al inicio del cuento? El protagonista principal es un viejecito campesino de barba blanca, que se acerca tímidamente al cuartel militar llevando un canasto con una gallina, con la intención de visitar a su hijo Manuel Zapata, quien ahora es oficial.
- ¿Por qué el hijo del viejecito se avergüenza de su padre? El hijo, Manuel Zapata, se avergüenza de su padre porque este es un campesino pobre y humilde, con ropa sencilla como manta lacre y zapatos de taco alto, lo que contrasta con su nuevo estatus como oficial en el ejército, rodeado de camaradas de mayor rango social.
- ¿Qué simboliza la gallina que trae el padre en el canasto? La gallina simboliza el amor paternal y el sacrificio del padre; es un regalo humilde pero significativo (para hacer cazuela), que representa las raíces rurales y el deseo de cuidar a su hijo, a pesar de la distancia emocional que ha crecido entre ellos.
- Describe el final del cuento y el estado emocional del padre. Al final, el padre, desilusionado y tembloroso, deja la gallina a los soldados y se va arrastrando los pies, con lágrimas en los ojos, pidiendo que le den un pedacito de pechuga a su "niño", mostrando su profunda tristeza y resignación ante el rechazo.
Actividad 2: Análisis de Personajes
Instrucciones: Crea un "mapa de emociones" para los dos personajes principales (el padre y el hijo). Usa una tabla simple, en la columna izquierda, lista emociones clave, en las columnas del padre y del hijo, describe escenas del cuento donde se muestren esas emociones y explica por qué.
Actividad 3: Temas y Simbolismo
Instrucciones: Identifica dos temas principales del cuento y explica cómo se desarrollan.
Tema 1: La vergüenza social y el desarraigo.
En "El Padre", Olegario Lazo Baeza explora la vergüenza social y el desarraigo a través del contraste entre el mundo rural y el militar. Manuel Zapata, al ascender a oficial, rechaza a su padre humilde, simbolizado por la ironía de su "vulgar aspecto" que no lo salva de su origen. La metáfora del cuello del padre "arrugado y rojo como cuello de pavo" representa su vulnerabilidad y expectativa, mientras que el hijo "golpea el suelo con el pie" en furia, mostrando su internalización de prejuicios de clase. Este tema critica cómo la movilidad social puede romper lazos familiares, dejando al padre desengañado.
Tema 2: El amor paternal incondicional.
Otro tema es el amor paternal incondicional, encarnado en el gesto del padre con el canasto y la gallina. A pesar de cinco años sin ver a su hijo, trae un regalo simple pero cargado de cariño, simbolizado por la gallina que "picotea" bajo la tapa, representando la vida rural que el hijo abandona. La ironía culmina cuando el padre, con lágrimas, pide "un pedacito" para su "niño", destacando su persistente ternura ante el rechazo. Lazo Baeza usa estos elementos para cuestionar valores humanos en una sociedad jerárquica, invitando a reflexionar sobre el costo del "progreso".
Actividad 4: Escritura Creativa
Instrucciones: Imagina un final alternativo para el cuento donde el hijo reacciona de manera diferente.
Al entrar al cuerpo de guardia, Manuel Zapata ve a su padre con los brazos extendidos y, en lugar de saludarlo fríamente, siente un torrente de recuerdos: las tardes en el campo, las risas compartidas. "¡Padre!", exclama, abrazándolo con fuerza ante la tropa atónita. Los soldados, en silencio, observan cómo el teniente, con lágrimas en los ojos, toma el canasto y dice: "¡Qué alegría verte! Ven, entremos al casino. Cuéntame todo". El viejecito, temblando de emoción, sonríe con su cara arrugada como corteza de árbol viejo. Juntos, comparten la gallina en una cazuela improvisada, mientras Manuel presenta a su padre a los oficiales como "el hombre que me hizo quien soy". Al final, el padre se va con el corazón lleno, y Manuel, reflexionando, promete visitarlo pronto, reconectando con sus raíces humildes y valorando el amor por encima del estatus.
Este contenido resulta especialmente útil para trabajar comprensión lectora, análisis de personajes, temas y simbolismo, así como producción escrita. Como futura docente de comunicación, considero que este material es un recurso valioso y práctico para dinamizar las clases y promover una lectura reflexiva y significativa.
ResponderBorrarEl cuento El Padre de Olegario Lazo Baeza, es un relato profundamente conmovedor que evidencia la tensión entre la movilidad social y los lazos familiares. La historia muestra cómo la vergüenza y el deseo de encajar en un entorno jerárquico pueden distanciar a un hijo de su padre, mientras que el amor paternal se mantiene inquebrantable a pesar del rechazo. El contraste entre la humildad del padre y el estatus del hijo refleja críticas sociales sobre las diferencias de clase y la pérdida de valores afectivos. Desde un enfoque pedagógico, este relato resulta valioso en el área de comunicación porque permite a los estudiantes desarrollar comprensión lectora, análisis de personajes y simbolismos, así como reflexionar sobre emociones complejas, empatía y la interpretación de mensajes implícitos en la narrativa, fortaleciendo competencias esenciales para la formación integral.
ResponderBorrarEl relato El Padre de Olegario Lazo Baeza constituye una narración emotiva que revela el conflicto entre el ascenso social y los vínculos familiares, mostrando cómo la vergüenza y la ambición separan al hijo de un padre cuyo amor permanece firme. En el área de Comunicación, su abordaje pedagógico favorece la comprensión lectora, el análisis simbólico y la reflexión empática sobre valores, clases sociales y significados implícitos en la experiencia humana.
ResponderBorrarel contenido del blog dedicado al cuento “El padre” de Olegario Lazo Baeza presenta una alta calidad tanto literaria como pedagógica, ya que articula de manera clara el texto original con actividades de comprensión, análisis y producción escrita.
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