DEMETRIO RENDON WILLKA (De “Todas las sangres”)


 DEMETRIO RENDON WILLKA (De “Todas las sangres”)

Una maestra para Lahuaymarca, porque la comunidad construyó un local risueño, con ventanas grandes y un jardín en el que sembraron geranios y rosas blancas, únicas plantas "de los señores y de la iglesia" que podían resistir el clima de altura. » Los Aragón de Peralta y todo el vecindario de San Pedro se opusieron a que se autorizara la apertura de la escuela de la comunidad. -En eso nos diferenciamos de los indios. Si aprenden a leer ¿qué no querrán hacer y pedir esos animales? -dijo en un cabildo el propio alcalde. -Los indios no deben tener escuela -sentenció el viejo señor. Y no se discutió más el asunto. La palabra de Aragón de Peralta se cumplía en el distrito. Por eso, el director de la escuela de San Pedro fue a consultar con el viejo señor si debía matricular al ya mozo Demetrio Rendón Willka, en la sección "Preparatoria". -Si ya es mozo, admítalo. Los chicos lo harán correr. Aunque son porfiados estos indios no soportará las burlas de nuestros hijos. ¿No sabe usted que los niños son más crueles que los grandes, cuando quieren fregar o martirizar a los débiles? -Bien, señor -asintió el maestro.
El padre de Rendón Willka agradeció al maestro por la admisión de su hijo en la escuela; le dijo que en ese mismo instante un comunero descargaba en la casa del director dos sacos de papas y otro de trigo y que los aceptara como humilde obsequio de su nuevo alumno.
 Los estudiantes se asombraron de ver a un indio grande con un silabario en la mano y una bolsa para cuadernos, como la de los más pequeños escolares; sobre los cuadernos asomaba el marco de madera de un pizarrín. Y era eso lo más sobresaliente: debajo de la bolsa escolar, el indio llevaba otra, hinchada de maíz tostado, de mote, de cecina y trozos de queso. Lo usual era que los comuneros llevaran su fiambre en una pequeña manta de lana tejida. Demetrio fue presentado aun en ese detalle como un "escolero". Habían tejido para él una bolsa, algo semejante a las de coca de los indios mayores, pero más alargada y con una cinta que servía para que el primer estudiante de la comunidad se terciara al hombro esa nueva prenda escolar indígena. Demetrio tenía que caminar diez kilómetros, todos los días, de Lahuaymarca a San Pedro. El maestro, agradecido por el obsequio, iba a pedir a los niños, que fueran "considerados" con el joven indio. Pero vio a éste sentado en el poyo, entre los más pequeños, que lo miraban preocupados o miedosos y no despectivos. Pero los más grandes se precipitaron a observarlo. Demetrio permaneció sentado, contemplando a los señoritos con expresión tierna y sumisa en el rostro, pero enérgica e inquebrantablemente resuelta en la actitud. Era evidente que nadie lo haría moverse de su sitio.

-¿Qué miran? -preguntó indignado el maestro. Él era de una  provincia lejana. -Es un indio -dijo Pancorvo, alumno de último año. -¿Nunca habías visto otro? -le preguntó el maestro. En la escuela no. Va a apestar. -No huele a nada, señor -exclamó el pequeño que estaba sentado junto a Demetrio. -En cambio, acaso tú, Pancorvo, hueles -dijo el maestro. -Será, pues, pero no a indio. Demetrio era mucho mayor que ese Pancorvo. Sin levantarse el mozo comunero le obsequió al pequeño que lo defendió una moneda de oro, un quinto de libra que tenía guardado en una bolsita color de arco iris. -Para que juegues, pues, niñito -dijo. Todos los muchachos se reunieron más estrechamente junto a Demetrio. El pequeño, un De la Torre, no se decidía a recibir la moneda. Demetrio la puso en una de las manos del niño e hizo que cerrara los dedos hasta formar un puño. -¡Quinto! ¡Bonito! -dijo en castellano. -¡Ya! A sus sitios -ordenó el maestro, aprovechando el desconcierto de Pancorvo y de sus camaradas. - Los alumnos obedecieron en silencio, pero observaban con frecuencia a Demetrio que, con la ayuda de su amigo recién conquistado, pronunciaba las letras en voz alta, como todos. Pocas semanas después, bien aleccionados por sus padres, los estudiantes mayores empezaron a hostilizar al indio, especialmente durante los recreos. Cierta mañana, ya en el mes de septiembre, lo rodearon varios de éstos. - ¿Y para mí no tienes un "quinto", oye, Willka? Eres bestia. Mira, tan viejote y en "Silabario" -le dijo uno de ellos. -Lee en quechua, animal. ¿No ves que no sabes castellano? "A, Bi, Ci ... ". Se dice Be, Ce. -La boca del indio no puede -le dijo otro. Demetrio se sentaba bajo un triste arbolito de lambras que, increíblemente, había logrado crecer en una esquina del patio de recreo, defendido por un muro de piedras y barro que los niños de segundo grado levantaron el año anterior, en noviembre. Se sentaba sobre el muro y formaba pareja con el árbol, que había vencido la furia del sol, de los escolares más avanzados y destructores, y de las heladas. -A, Bi, Ci, Chi, Di, Ifi . . . -le gritaron en coro, varios muchachos. Se reían delante de él. Pero Demetrio no les oía. Entonces, un Brañes, le sacó del bolso el pizarrín; lo arrojó al suelo y lo destrozó a pisotones. Demetrio no hizo sino apretar los músculos de su rostro. - ¡Maricón! ¡Cobarde! ¡indio! -vociferaba el Brañes un niño como de 14 años.

Demetrio se puso de pie, y Brañes iba a huir, porque la sombra del indio se levantó de repente sobre su cabeza. Pero Demetrio, sin mirar al crío de señor, se dirigió hacia el salón de clases, vacío. Se sentó en el sitio del poyo que le correspondía. El director había visto a Brañes desde la puerta lateral del salón, pero no intervino. Tenía miedo al viejo señor y al vecindario. Él era oriundo de un pueblo lejano y no tenía título pedagógico. Demetrio permaneció solo, un rato en el salón vacío, sin carpetas ni cuadros históricos, ni mapas. Vio aparecer a su amigo De la Torre acompañado de dos pequeños. Se le acercaron a paso rápido. Gallegos, el mayor de los tres, depositó sobre las rodillas de Demetrio el marco roto del pizarrón. - ¡Demetrio! ¡Demetrio! -le dijo. El indio acarició con el más profundo respeto las pequeñas manos del niño. -Te queremos -le dijo "su amigo", y se sentó junto a él. Se le aproximó todo lo que pudo; luego le estrechó uno de los brazos y puso su cara sobre la camisa de bayeta del indio. "Sí, sí huele, pero no como mi casa, como las medias de mi padre cuando se las quita de noche. ¡Eso sí, apesta! Demetrio huele de otro modo. ¡Pobrecito, tan grande! Y no quiso pegarle al Brañes. ¡El corazón me duele!" Un instante de confusión tuvo Demetrio. Los otros dos niños se sentaron también en el poyo, a su lado. - ¡Demetrio! -volvió a repetir el pequeño, mirando el marco destrozado y todavía tan limpio en los trozos que no fueron aplastados por los zapatos chuecos, de puro viejos, de Brañes. Abrió los brazos el indio. - ¡Dios bueno! -dijo. Pero no bien había concluido de hablar y se había animado a estrechar a los niños, pues creía que alcanzaban su pecho y sus brazos para los tres, Brañes y Pancorvo irrumpieron en el salón. Quedaron paralizados al descubrir a De la Torre con la cabeza apoyada en el cuerpo del mozo; el marco roto sobre sus rodillas y los otros dos niños contemplando felices al comunero. Éste no se atrevió ya a abrazar a los niños; hizo frente a los dos jovencitos, detrás de los cuales aparecieron otros más. Pancorvo se decidió. Se acercó al grupo, resguardado por sus compañeros que lo siguieron. -K'echa De la Torre -dijo-. Te vendiste por un quinto de libra. Y tú, otro De la Torre, muerto de hambre, más que ese maricón Gallegos. Ya Demetrio entendía el castellano; en pocos meses había aprendido también a deletrear. Sintió que los niños que estaban a su lado no se atemorizaron. Gallegos se levantó.
-¡Maricón tú! -le dijo a Pancorvo-. ¡Gallina tú! Yo también hambriento. Peor es ser gallina. Pancorvo le dio un puñetazo en la boca al niño. Pero no tuvo tiempo de huir. Demetrio lo agarró del cuello. Lo levantó en el aire, mientras pataleaba, y lo arrojó contra el poyo. ¡Excremento del diablo! -le gritó en quechua… Los otros fugaron, no hacia el patio de recreo, sino al corredor que daba a la plaza. Cruzaron despavoridos el campo. Pancorvo no podía levantarse del suelo, y empezó a llorar a gritos. Gallegos sangraba de la boca. - ¡Váyanse, patroncitos! -rogó Demetrio a los niños. -No -dijo Gallegos-. ¡No quiero! -Me ha querido matar -dijo incorporándose dolorosamente Pancorvo, cuando el maestro llegó a la sala. -Me ha querido matar -repitió. - ¿Y a Gallegos? -preguntó el maestro, comprendiendo lo que pudo haber ocurrido. Demetrio miraba fríamente a Pancorvo y al maestro. Sacudió ligeramente la cabeza. -Insultó por gusto a De la Torre, y a mí, señor -contestó Gallegos-. Este maricón me pegó porque defendí a Demetrio. - ¿Demetrio? -exclamó asombrado el maestro. Porque el niño no dijo "el indio" Demetrio, ni "el cholo" Demetrio, ni siquiera "el Demetrio". -Dios lo ha castigado, señor; Dios, pues ... Concluyó, y de sus labios brotó un pequeño globo sanguinolento. El indio oía y volvió a sentirse otra vez confundido. -Señor, patrón ... -empezó en castellano, pero continuó en quechua-. Estos niñitos, palomas de Dios; del corazón sus lágrimas. El salón ya estaba colmado de escolares de las secciones "silabario", primero, segundo y tercer año. El maestro quedó perplejo, sin saber qué hacer. Pancorvo escuchó pasos en el corredor de la escuela, y empezó a llorar nuevamente a gritos. -¡Me ha roto algo! ¡Estoy mal! -clamaba. Lo encontraron derrumbado sobre el poyo, su padre, el alcalde, el, gobernador, el varayok' de turno, dos vecinos más y un mestizo, apellidado Martínez, que irrumpieron en la sala. -jHaga salir a los niños! -ordenó el gobernador al maestro. El maestro obedeció. Pero los De la Torre y Gallegos, el herido, no se movieron; permanecieron junto a Demetrio. "Parecen grandes", pensó el maestro. - ¡Afuera! -gritó enérgicamente el alcalde. Pero los niños se abrazaron a las piernas de su amigo. El rostro del indio se tranquilizó; volvió a iluminarse suavemente de esa especie de resignación y poderío que en algo se parecía a las rocas negras de los grandes abismos, cuando reciben el grito de los loros viajeros que -gustan cantar en el aire de los abismos. El padre de Pancorvo levantó a su hijo, y después, con la ayuda de los otros dos vecinos, arrancaron a los niños de las piernas del mozo indio. - ¡Déjeme a mí! ¡El Pancorvo me sacó sangre! -decía el pequeño Gallegos mientras lo arrastraban al patio. -Es un testigo -se atrevió a intervenir el maestro-. Hay que dejarlo. No le hicieron caso. -Varayok' -ordenó el gobernador-, carga a ese anticristo, al indio Demetrio. El varayok' obedeció. Se persignó antes. "Eres de Lahuaymarca", le dijo en voz baja al mozo. Y se lo echó a la espalda. -Martínez: quince azotes bien dados, no sólo en las nalgas; dale unos tres en la cabeza, aunque le caiga algo al varayok'. Se ha atrevido a golpear a dos niños. - ¿A quiénes dos? -preguntó el maestro. - ¡Usted se calla! Ya, Martínez. El mestizo sacó un azote trenzado, con pequeñas puntas de plomo, que traía oculto bajo su poncho. Y azotó al indio escolar bajo la sombra del salón principal de la escuela, delante del maestro. A los seis u ocho azotes empezó a rezumar sangre sobre la bayeta blanca con que los indios jóvenes de Lahuaymarca se vestían. - ¡Ya no, papá! ¡Ya no! -pidió el niño Pancorvo, lanzándose sobre el mestizo-. ¡Martínez, ya no! Ustedes, ustedes me dijeron que lo ofendiera, ¡que lo fregara todos los días! ¡Ustedes, pues, papá! E intentó detener al mestizo arrastrándolo con todas sus fuerzas por un extremo del poncho. Su propio padre lo contuvo apartándolo con los brazos. - ¡Cinco más! -ordenó el alcalde. - ¡Maestro! ¡Usted, pues! -dijo gimiendo el mozuelo. -Ellos saben. Responderán ante Dios -dijo el maestro. -Sabemos y responderemos -contestó el alcalde. Los últimos tres azotes los dirigió Martínez a la cabeza del indio. Acertó bien, porque el azote era de los medianos, y rompió el cuero cabelludo del mozo; de esas heridas brotó más sangre. El niño Pancorvo ya estaba de rodillas. Cuando el varayok' soltó a Demetrio, el joven indio se dirigió al poyo, levantó con gran cuidado el marco destrozado de su pizarrín Y su montera; sin mirar a nadie, ni a su varayok', salió por la puerta principal de la escuela, hacia la plaza. Cuando tocaban "las doce", él subía la montaña, con el sol en su apogeo. -Nada -exclamó Pancorvo, el padre--. Es como no hacer nada.
nada. Se ha ido 'tranquilo. Es como si la sangre no fuera sangre para ellos, aunque no se atreverá a volver a la escuela. Así es, señores. Pero para este niño arrodillado esa injusta sangre. A él sí le ha herido fuerte. Pancorvo descubrió que, de veras, su hijo, ese matador de pajaritos, ese chico flaco que atravesaba con espinos a los grillos, por parejas, y los hacía caminar arreándolos, así traspasados, afirmando que eran bueyes aradores, estaba rendido, con los ojos secos, mirando al suelo, un poco regado, del viejo salón polvoriento de la escuela. - ¡Carajo! Todo se trastorna -dijo el padre, porque no encontraba un modo adecuado de acercarse a su desconcertante hijo. - ¡Niño! ¡Ahistá tu corazón en el suelo! ¡Está consolado, pues; a mí también! -se animó a hablar el varayok'. Entonces el mozuelo pudo levantarse; algo extraviado, no consiguió orientarse de inmediato hacia la puerta de la escuela.

En tres, cuatro años, los vecinos se olvidaron del "incidente" escolar de Rendón Willka. Creyeron también haber logrado que los niños lo olvidaran. El maestro fue trasladado a un pueblo muy distante, de otra provincia, pero no de inmediato sino al año siguiente. Los comuneros no dieron ninguna muestra de indignación por el suceso. Guardaron calma y se comportaron como si nada especial hubiera ocurrido. El padre de Rendón Willka fue elegido alcalde mayor por los indios y cumplió sus obligaciones como todos, con dignidad y sumisión. Pero cuando Demetrio esperaba al camión en la carretera, lo acompañó el cabildo en pleno. Luego que subió al carro y arrancó la máquina rumbo a Lima, las mujeres cantaron un harawi que compuso el propio alcalde mayor de Lahuaymarca: Ama k'onk'ankichu, amapuni k'onk'anichu: yawarpa'mi ripukunki yawarpak'mi kutimunki allpachask'a; anka hina manchay k'auak' mana pipa aypanan rapra.

No has de olvidar, hijo mío, jamás has de olvidarte: vas en busca de la sangre, has de volver para la sangre, fortalecido; como el gavilán que todo lo mira y cuyo vuelo nadie alcanza…

Preguntas de Opción Múltiple
1.¿Cuál es el motivo principal por el que los Aragón de Peralta y el vecindario de San Pedro se oponen a la apertura de una escuela en Lahuaymarca?
A. Para evitar que los indígenas aprendan a leer y exijan más derechos.
B. Porque el clima de altura no es adecuado para la educación.
C. Para promover la integración cultural entre indígenas y señores.
D. Porque la comunidad no ha construido un local adecuado.
2.¿Qué obsequio envía el padre de Demetrio al director de la escuela como agradecimiento por admitir a su hijo?
A) Una bolsa de maíz tostado y cecina.
B) Dos sacos de papas y uno de trigo.
C) Una moneda de oro y un pizarrín.
D) Geranios y rosas blancas para el jardín.

3. ¿Cómo se describe la bolsa escolar de Demetrio, y qué simboliza en el contexto del relato?
A) Una manta de lana tejida, que representa la tradición indígena pura.
B) Una bolsa alargada con cinta, similar a las de coca, simbolizando una adaptación indígena a la educación "señorial".
C) Una bolsa hinchada de libros, que destaca su estatus como "escolero" superior.
D) Un silabario en una bolsa de cuero, simbolizando la resistencia al cambio cultural.
4. ¿Qué distancia debe recorrer Demetrio diariamente para asistir a la escuela en San Pedro?
A) Cinco kilómetros.
B) Diez kilómetros.
C) Quince kilómetros.
D) Veinte kilómetros.
5. ¿Por qué el maestro decide admitir a Demetrio a pesar de su edad, según la consulta con el viejo señor Aragón de Peralta?
A) Porque cree que los niños lo harán desistir con burlas.
B) Para promover la igualdad educativa en el distrito.
C) Debido a la insistencia de los comuneros.
D) Porque Demetrio ya sabe leer en quechua.
6. ¿Qué gesto utiliza Demetrio para ganarse la amistad inicial de un niño pequeño en la escuela?
A) Compartiendo su fiambre de maíz y queso.
B) Dándole una moneda de oro (un quinto de libra).
C) Ayudándolo con las letras del silabario.
D) Defendiéndolo de los alumnos mayores.
7. ¿Qué objeto de Demetrio es destruido por Brañes durante el recreo, y cómo reacciona Demetrio inicialmente?
A) Su bolsa escolar; huye al salón de clases.
B) Su pizarrín; aprieta los músculos del rostro sin responder.
C) Su silabario; golpea a Brañes en represalia.
D) Su montera; pide ayuda al maestro.
8. ¿Qué simboliza el "triste arbolito de lambras" en el patio de la escuela?
A) La fragilidad de la educación indígena en un entorno hostil.
B) La resistencia y supervivencia ante adversidades como el sol y las heladas, similar a Demetrio.
C) La belleza natural que atrae a los niños señoriales.
D) El muro de piedras que protege a los débiles.
9. ¿Cómo reacciona Demetrio cuando Pancorvo golpea a Gallegos?
A) Lo ignora y continúa estudiando.
B) Lo levanta en el aire y lo arroja contra el poyo, gritando en quechua.
C) Pide al maestro que intervenga.
D) Abandona la escuela inmediatamente.
10. ¿Qué dice Gallegos para defender a Demetrio ante el maestro después del incidente?
A) Que Pancorvo lo insultó y lo golpeó por defender al "indio".
B) Que Demetrio es un "maricón" y merece castigo.
C) Que Dios castigó a Pancorvo por su maldad.
D) Que los niños pequeños son palomas de Dios.
11. ¿Quién ordena el castigo de azotes a Demetrio, y cuántos azotes se aplican en total?
A) El alcalde; quince azotes.
B) El gobernador; diez azotes.
C) El viejo señor Aragón; veinte azotes.
D) El maestro; cinco azotes.
12. ¿Cómo reacciona el niño Pancorvo durante el castigo de Demetrio?
A) Se ríe y anima al mestizo Martínez.
B) Pide que detengan los azotes, admitiendo que sus padres lo incitaron a hostigar a Demetrio.
C) Huye de la escuela asustado.
D) Ayuda a azotar a Demetrio.
13. ¿Qué hace Demetrio inmediatamente después de recibir los azotes?
A) Ataca al varayok' que lo cargó.
B) Levanta el marco destrozado de su pizarrín y sale hacia la plaza sin mirar a nadie.
C) Pide perdón al alcalde.
D) Abraza a los niños pequeños.
14. ¿Qué observa el padre de Pancorvo sobre su hijo después del incidente?
A) Que el niño se ha vuelto más cruel con los animales.
B) Que la "injusta sangre" de Demetrio ha herido fuertemente al niño, quien parece trastornado.
C) Que Pancorvo olvida rápidamente el suceso.
D) Que el niño quiere unirse a los indígenas.
15. ¿Cómo se describe el rostro de Demetrio cuando los niños pequeños se abrazan a sus piernas?
A) Lleno de ira y deseo de venganza.
B) Tranquilizado, con una resignación y poderío similar a rocas negras en abismos.
C) Confundido y temeroso ante las autoridades.
D) Alegre y juguetón como un niño.
16. ¿Qué ocurre con el maestro al año siguiente del incidente?
A) Es promovido a director en San Pedro.
B) Es trasladado a un pueblo distante en otra provincia.
C) Renuncia por miedo al viejo señor.
D) Se convierte en aliado de los comuneros.
17. ¿Cómo reaccionan los comuneros de Lahuaymarca ante el suceso con Demetrio?
A) Organizan una protesta inmediata contra el alcalde.
B) Guardan calma y se comportan como si nada hubiera ocurrido.
C) Eligen a Demetrio como alcalde mayor.
D) Cierran la escuela que construyeron.
18. ¿Qué compone el alcalde mayor de Lahuaymarca cuando Demetrio parte a Lima?
A) Un harawi (canción) que insta a no olvidar y volver fortalecido como un gavilán.
B) Una carta de recomendación para el viejo señor.
C) Un obsequio de papas y trigo para el viaje.
D) Una bolsa nueva para sus estudios.
19. ¿Qué tema central se explora a través del personaje de Demetrio en el relato?
A) La armonía entre indígenas y mestizos en el Perú rural.
B) La resistencia indígena ante la discriminación y la búsqueda de educación como herramienta de empoderamiento.
C) La superioridad cultural de los "señores" sobre los comuneros.
D) La importancia de la agricultura sobre la educación.
20. ¿Qué elemento narrativo resalta la transformación en el niño Pancorvo al final del incidente?
A) Su continua hostilidad hacia Demetrio.
B) Su arrepentimiento y empatía, contrastando con su crueldad previa hacia animales, simbolizando un posible cambio social.
C) Su olvido inmediato del suceso.
D) Su alianza con los otros niños mayores contra los indígenas.



Comentarios

  1. El contenido del blog presenta buena calidad, ya que el texto está bien contextualizado, conserva la riqueza literaria de Arguedas y se complementa con preguntas claras y pertinentes. Su uso pedagógico es adecuado porque permite trabajar comprensión lectora, análisis crítico, vocabulario, inferencias y reflexión sobre valores como la justicia y la discriminación. Además, tiene gran relevancia educativa en el área de Comunicación, pues fortalece la lectura de textos narrativos, la interpretación literaria y el desarrollo de una conciencia intercultural y crítica en los estudiantes.

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  2. El blog ofrece una reflexión profunda sobre la discriminación, la injusticia social y el derecho a la educación a partir del personaje de Demetrio Rendón Willka. El análisis del fragmento permite comprender cómo la violencia simbólica y física marca las relaciones entre “señores” e indígenas. Asimismo, se destaca la educación como un espacio de exclusión, pero también de resistencia y dignidad. El contenido invita a una lectura crítica de la realidad social peruana. El lenguaje empleado es adecuado y contextualizado. En conjunto, el blog fomenta la sensibilidad ética y la reflexión histórica en los lectores.

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  3. El texto evidencia una fuerte crítica a la discriminación y a la exclusión educativa; por ello, posee un alto valor formativo. Además, su uso pedagógico favorece la comprensión crítica y la reflexión ética; finalmente, en el área de Comunicación, contribuye al desarrollo del enfoque intercultural y del pensamiento crítico.

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